Debates que cambiaron 2001-2011

Apuntes para un balance de los movimientos sociales en estos 10 años. Debates que cambiaron 2001-2011

A diez años de la rebelión popular de 2001, en tanto balance del marco general de estos años podemos ubicar el techo de la inserción de la izquierda en el año 2004, cuando comienza un proceso de fraccionamiento entre las distintas tendencias que luchamos por el cambio social y la integración de alguna de ellas al sector kirchnerista. Por otra parte, debemos destacar que desde el conjunto de la izquierda no hemos podido avanzar en expandir nacionalmente la recuperación sindical (coordinamos solamente un puñado de seccionales sindicales provinciales y algunas más locales). En el movimiento estudiantil se ha avanzado en dirigir más federaciones (pero sin lograr participación masiva de las bases) y a nivel territorial la caída ha sido abrupta (por crecimiento de la ocupación y graves errores de construcción de las organizaciones), aunque una decena de movimientos  y partidos mantenemos una importante inserción (recientemente entre la mayoría de las tendencias hicimos 50 cortes en el país con cuarenta mil compañerxs movilizadxs).

En los lugares de trabajo sólo alrededor del 15 por ciento de la clase trabajadora tiene delegadxs de base, la gran mayoría del movimiento obrero tiene su representación y movilización en la(s) CGT (Confederación General del Trabajo) y otra porción minoritaria principalmente entre lxs trabajadorxs del estado en las dos CTA (Central de Trabajadores dela Argentina).

En ningún caso la izquierda ha formado corrientes con inserción que muevan el amperímetro y cuestionen sustancialmente a estas conducciones burguesas del movimiento obrero. Las comisiones internas que se han podido recuperar no resisten en el tiempo, salvo honrosas excepciones. En particular entre lxs trabajadorxs privadxs la situación es mucho peor y las tendencias burocráticas y patronales son mayoría por goleada.

Un breve recuento sobre las fuerzas políticas – sociales que pugnan por el cambio social en su amplia acepción

Los movimientos sociales y agrupamientos políticos de la nueva izquierda (entre los que nos contamos) hemos podido avanzar en construir algunas organizaciones visibles a nivel nacional, mientras que antes del año 2001 estábamos dispersos en pequeños grupos, con mucha influencia sobre nosotrxs de concepciones autonomistas, corporativistas y sectarias. El mayor crecimiento lo hemos dado en el ámbito territorial, universitario y comunicacional, en tanto a nivel movimiento obrero nuestra inserción es débil. La construcción multisectorial, el replanteo de prácticas militantes y el trabajo territorial complejo han sido ejes que nos han permitido pegar un salto en nuestro desarrollo.

Los partidos políticos de la izquierda tradicional han crecido en militancia y en inserción pero su influencia general en la sociedad sigue siendo limitada en relación a la representatividad que muchas veces se arrogan y que queda chica para las permanentes situaciones revolucionarias que pregonan. En estos 10 años su masividad en el movimiento territorial se ha reducido mucho, a nivel sindical se ha incrementado un poquito y a nivel estudiantil se encuentra su mayor crecimiento, aunque en algunos casos con retrocesos a partir de apoyar a la burguesía agraria en el conflicto del 2008.

Las Madres de Plaza de Mayo, que habían sido un factor importante para la unidad de las distintas tendencias por el cambio social, han entrado en un proceso de descomposición política que requiere una autocrítica por parte de la izquierda y en particular de la militancia de los derechos humanos ya que no levantamos lo suficientemente la voz para contener una situación que ya muchos valiosos militantes venían advirtiendo. La falta de profundización político-estratégica  y un personalismo exacerbado ha llevado a que nuestra máxima representante internacional y ensalzada en general por un sector importante de la izquierda pueda dar un giro de 180 grados implicándose en chanchullos económicos, maltratos a trabajadorxs y un apoyo político al gobierno capitalista.

Por su parte,la CTAdesde su nacimiento tuvo una dirección política que ha reivindicado las luchas obreras, sus principales hitos (el Cordobazo, Rosariazo, entre otros) con la perspectiva de un cambio social y autonomía de los gobiernos y partidos. Pero no podemos desconocer que en la práctica ha sido conciliadora con la patronal, ha apoyado al gobierno de  DeLa Rúay cuanto partido político de centroizquierda parlamentarista que haya aparecido. Es de recordar que mientras que en el 2001 todas las tendencias del campo popular apelábamos a la acción directa, ciertos sectores dela CTA recolectaban firmas y pedían al parlamento que saque leyes positivas a través del FRENAPO (Frente Nacional contrala Pobreza) y en alianza con la pequeña y mediana empresa del campo y la ciudad (APYME y Federación Agraria Argentina). Sin más, el 20 de diciembre del 2001 su dirección decidió pedir a sus militantes que vuelvan a las casas y se dedicó a intentar conciliar con el parlamento. Este germen institucionalista ha llevado a la inacción política todas sus iniciativas. Otro de sus baluartes discursivos, que era la crítica a la falta de democracia enla CGTha quedado en saco roto con la escandalosa y fraudulenta votación donde ambas tendencias intentaron hacerse fraude mutuamente. Hoy está desprestigiada y dividida en dos tendencias: una que apoya al gobierno y otra que apoya a Binner (Frente Amplio Progresista). La propuesta dela Constituyente Socialque pretendía refundar el país y que reunió a miles de valiosxs activistas y delegadxs de base es una nueva frustración generada por el peronismo progresista, y miembros de los partidos socialistas y comunistas que alimentan las filas de la dirección dela CTA.

A posteriori de la muerte de Néstor Kirchner vemos un renacer del peronismo que reivindica a la resistencia peronista,la Juventud Peronista-JP y los programas de Huerta Grande yLa Falda. Aunquebien distinto de aquel de las décadas del `60 y `70, que tenía ideales marcadamente socialistas, que ponía el cuerpo en la lucha del pueblo, que se desarrollaba en la clandestinidad y en un trabajo desde las bases. Hoy nos encontramos con otra versión del mismo: afín al gobierno, sostenido por vastos recursos estatales, actuando, en algunos casos, en contra de demandas populares en vistas a sostener al gobierno ante el fantasma de la derecha. Habrá que ver la evolución de este peronismo con discurso combativo renovado. Esperamos que en otra situación política –aunque difícil- sus esfuerzos se depositen en la construcción por abajo, de un poder popular robusto con un horizonte claramente socialista como en los 60 y 70.

Debates políticos en los Movimientos sociales

En estos 10 años, varios debates atravesaron a los movimientos sociales. Aquí pasamos revistas por algunos.

 

Autonomismo ortodoxo

Muchas agrupaciones sociales fueron llevadas por la perspectiva política autonomista ortodoxa y horizontalista a tener una práctica localista y de pequeños grupos, en vez de propender a construir organizaciones de masas sólidas con niveles de delegación y multisectoriales. Pero esas definiciones y agrupamientos fueron disolviéndose y perdiendo fuerza por la propia dinámica que exigía la lucha de clases, para lograr parcialmente algunas de sus reivindicaciones, lo cual era imposible llegar por el nivel de discusiones y debates que imponía la perspectiva autonomista. De todas maneras esos debates pudieron ser semillas de algo nuevo, en la medida en que las agrupaciones supieron reflexionar autocriticamente sobre esa versión extrema, para reubicarla en un marco superador que -aún no definido pero- ya se está desarrollando en muchos agrupamientos. También este debate ayudo a problematizar como construyen las organizaciones de izquierda donde muchas veces su practica no coincide con los objetivos que pregona, donde el verticalismo es común  y las practicas prefigurativas están ausentes.

“Excluidxs” y nuevos movimientos sociales  

Por otra parte en el mundo, ciertxs intelectuales habían difundido la idea de los “nuevos movimientos sociales” y el adiós a la clase obrera como sujeto histórico. En América Latina el doble efecto de las dictaduras, sumado a una política de reconversión industrial (que reducía la industria local a un tercio de lo que era) hizo que muchos sectores políticos dejaran de hablar de clase trabajadora para plantear al sujeto de cambio a lxs excluidxs. Así  los llamados “nuevos movimientos” con reivindicaciones especificas (mujeres, jóvenes, identidades diversas, etnias, sin tierra, entre otros) peleaban por separado por su especificidad, corriendo el riesgo de ser reabsorbidos (ONGs y parlamentarismo mediante) por los cánones del sistema capitalista, sin lograr ir a la raíz común del sistema.

Hoy claramente casi todas las tendencias que pugnan por un mundo sin explotación ven al desocupado, al villero, al sin tierra, como parte de la misma lucha de la clase trabajadora. Ha quedado más claro que la fragmentación de la lucha propugnada por esta idea de los nuevos movimientos sociales, es una herramienta de división del sistema y la idea de “excluido” es hermana de la idea de incluir al capitalismo al excluido.

Hoy encontramos que está planteada en la práctica la necesidad de que los movimientos sociales se relacionen con el movimiento obrero y profundicen la lucha por un nuevo poder desde las bases, ha comenzado embrionariamente.

Cambio Social

Otro aspecto que había sido borrado era el debate sobre el cambio social. La implosión de los “socialismos reales” profundizó el desprestigio de a la idea de socialismo, que ya venia en picada por la hegemonía estalinista. Los movimientos de lucha pos 2001 así como distintos emergentes internacionales han aumentado el techo de la discusión política. Hoy la militancia y sectores del pueblo trabajador buscan confluir con organizaciones grandes. Se desarrollan mayores debates en torno a la situación latinoamericana y mundial. Se identifica como problema el corporativismo y el localismo, y el socialismo en sus distintas acepciones es debatido y reactualizado.

Prácticas militantes

Un grave problema que hemos tenido los que luchamos por el cambio social es la profunda fragmentación y las mezquindades políticas, buscando cada cual sacar su “tajada”, con buenas dosis de oportunismo (riesgosamente naturalizado como comportamiento de “socialistas”) de los espacios unitarios de lucha por arrancarle reivindicaciones al estado (negociaciones por atrás, búsqueda de referencia, etc.). Obviamente estos problemas continúan en el campo de los partidos políticos, sindicatos y la militancia en general. Pero también vemos que lentamente ha crecido y desarrollado la construcción unitaria y la discusión sana de ideas. Es un debate que esperamos que crezca para refundar, entre quienes que aspiramos a un cambio social, prácticas que prefiguren las ideas que planteamos para una nueva sociedad sin explotadxs ni explotadorxs.

Los próximos 10 años, nos encontrara a los movimientos sociales de la nueva izquierda con mayor peso e influencia, en el marco del desarrollo de una crisis mundial que obligara a más personas a salir a la calle. Nosotrxs estaremos con mas capacidad de construir una masiva alternativa de lxs de abajo, con nuevos criterios constructivos, que articulen una nueva cultura militante y el desarrollo de un poder obrero y popular) para que podamos aprovechar las brechas del sistema capitalista para destruirlo y construir una nueva humanidad.

 

 

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