Mujer que Lucha

Al cumplirse diez años de aquel estallido social que marcó nuestras luchas, se vuelve necesario pensar en el papel de las mujeres en este mismo período y su rol en la participación social y política.

A los tiempos del 19 y 20 de diciembre de 2001 precedieron duros años de miseria y hambre, acompañados de un malestar general y una sensación colectiva de preocupación y fatalismo, resultado también de la derrota política de los movilizados años ‘70. Muchxs de lxs integrantes de los sectores  populares vivieron con crudeza el avance de la privatización y el desajuste económico y cómo la situación de la clase trabajadora empeoraba día a día.              Mientras la rabia y la indignación crecían ante un modelo económico que no garantizaba las condiciones de existencia de la mayoría de la población, fueron resurgiendo experiencias organizativas y de lucha que dieron cauce colectivo a las necesidades y demandas de la clase trabajadora en su conjunto.

Con el estallido de las jornadas de diciembre de 2001, habiéndose gestado durante los ‘90 los movimientos piqueteros, las calles se vieron transformadas, lo público se reconfiguró  y con ello la subjetividad popular, la cotidianeidad y la cultura.

Las mujeres que generalmente  se encuentran perpetuadas en un rol de cuidados domésticos, crianza de niñxs, sostén de la organización del hogar, dejaron de lado estas tareas adjudicadas a partir de la histórica cultura (que amolda a las mujeres a determinados roles), y salieron a las calles en busca de soluciones a la tremenda crisis sentida en sus hogares y sus barrios.

Muchos hombres se encontraban desocupados, no había posibilidad de acceso laboral para todos, por ello pasaban días y noches en sus casas, sin mucho más que hacer que esperar a que la crisis pase, siendo esto una de las causas de estados depresivos que surgían por la realidad atravesada. Esto trajo aparejado varias situaciones de cambios y desequilibrios en las familias populares, las mujeres fueron las primeras que se “arremangaron” y salieron a pelearla, como sea, para conseguir el alimento de todos los días. Es así como en la calle, en los barrios, se encontraron muchas mujeres con esta intención, y juntas comenzaron a organizar ollas populares, comedores y buscar múltiples soluciones ante las situaciones de precariedad en la que se encontraban.

Esta nueva realidad resignifica la función de la mujer, presentándose un nuevo quiebre en la subjetividad y cuestionando la tradicional separación entre lo privado y lo público. La casa, las tareas domésticas, el alimento, no estarían cubiertos como antes, en la mayoría de las veces la tarea sería doble y repartida entre la casa y el afuera. Las mujeres, al cumplir un papel importante en la lucha por salir de la crisis, se convierten en protagonistas públicas de una necesidad de cambio social y económico. A pesar de continuar con sus tareas en el hogar, cuidados domésticos, crianza de lxs hijxs, cuidados del marido, asumen un rol activo en las organizaciones sociales y los movimientos piqueteros y sociales.

Con la participación masiva de la población en las asambleas populares y organizaciones territoriales, y la participación de las mujeres en los mismos, se da un nuevo puntapié en el cuestionamiento del rol histórico de las mujeres, sostenido por la cultura machista que iguala a la mujer a la condición de madre. Muchos cuestionamientos pasarían por la problematización de la opresión de género cotidiana, generada en algunos casos a partir de los conflictos vinculares que se daban cuando las mujeres de la clase trabajadora volvían a ser protagonistas de las organizaciones populares y políticas.

Por otra parte, se comienzan a tomar reivindicaciones que son propias de la lucha contra el machismo, las discusiones con la iglesia y su papel histórico en la opresión de las mujeres, el aborto, la trata, la violencia machista, y la diversidad sexual; las organizaciones sociales empiezan a incorporar estas luchas y discusiones, un ejemplo de esto es la participación de las mujeres de los sectores populares en el Encuentro Nacional de Mujeres.           De esta manera, las luchas por las reivindicaciones de las mujeres se irían dando en procesos que excedían y rompían los muros de las meras ONG´s e instituciones formales que tomaban la cuestión de género y las problemáticas de género. La lucha estaría en las calles, en los barrios, en las escuelas, en los sindicatos, en los espacios de trabajo, en las universidades, en las plazas, en las casas y en las camas.

Se va pasando del único rol entendido socialmente para las mujeres que es el de “mujer= madre”, hacia la mujer como sostenedora de los piquetes y por ello de la “dignidad piquetera” y así también la mujer como firme protagonista en los espacios militantes, “mujer militante”.

Es así como desde el campo popular se empieza a recupera la historia de muchas mujeres que pensaban que para cambiar radicalmente la sociedad era necesario luchar contra el patriarcado, se abre nuevamente el debate dentro de la izquierda sobre la importancia de pensar el rol de las mujeres en las organizaciones, las luchas y la sociedad.

Hoy, a diez años del Argentinazo, las mujeres seguimos organizadas, en la calle y en lucha y con nuevos desafíos:

  • Continuar fortaleciendo y afianzando nuestras reivindicaciones en contra del sistema patriarcal que cosifica y mercantiliza nuestros cuerpos, cumpliendo en esto un papel fundamental los medios de comunicación masiva; que anula cualquier otra identidad de género o elección sexual que no sea la establecida por la iglesia; que habilita la desaparición forzada para la trata de tantas compañeras que aun hoy no aparecen; que nos condena al aborto clandestino, poniendo en riesgo nuestras vidas; que nos explota y precariza en nuestros lugares de trabajo.
  • Entender que la lucha contra el patriarcado no es sólo una lucha de las mujeres, es una lucha de todos los géneros. Sabiendo que hace más de 500 años las mujeres vienen siendo explotadas y oprimidas en mayor grado que los hombres, también oprime a estos últimos, aunque en menor medida. A su vez el actual sistema cultural no habilita otros géneros que no sean los conocidos, siendo necesario desde nuestras organizaciones seguir adelante en la pelea por la transformación de los valores culturales dominantes que discrimina a toda identidad de género que no sea perteneciente al colectivo varón heterosexual.
  • Propiciar que el protagonismo de las mujeres en la participación política y social se vea reflejado en los espacios de conducción y dirección de los sindicatos, organizaciones sociales y políticas.
  • Por ultimo se vuelve necesario para potenciar nuestra lucha de cada día dar una articulación real y efectiva entre la lucha contra el sistema patriarcal machista y la  dada como clase trabajadora, o sea, la lucha de clases.

Con la base de estos desafíos en nuestras cabezas y cuerpos nos encontramos hoy impulsando desde la COB La Brecha la construcción unitaria junto a otros espacios, por la construcción de un mundo nuevo, en donde todas, todos y todxs podamos desarrollarnos libremente, bajo ningún tipo de opresión y explotación.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: