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Tierra para vivir portadaLa problemática de tierra y la vivienda se ha vuelto cada vez más urgente. En el año 2007, cuando comenzamos con esta publicación, la idea era realizar un registro y acompañar con reflexión y acción a los procesos de tomas que se venían desarrollando en el país, y más específi­camente en el conurbano bonaerense. En ese en­tonces, decíamos que estábamos ante una nueva oleada de tomas de tierra, la tercera, desde el fin de la última dictadura cívico militar.

En otros números intentamos reflejar, con datos estadísticos duros, que las políticas del actual gobierno nacional no resolvían de fondo la pro­blemática histórica y estructural de la vivienda, que suma a más de 4 millones de personas en el país.

A su vez, poníamos en cuestión el discurso del modelo económico del gobierno nacional que por un lado planteaba la inclusión social y por el otro no podía garantizar que un trabajador registra­do pudiera acceder a comprar un terreno y los materiales para construir su casa. Si esta era la situación de un trabajador en blanco, qué decir de la de los trabajadores precarizados.

Por otro lado, denunciamos como los capitales especulativos, a través de los negocios inmobilia­rios, expulsan a los trabajadores a habitar zonas marginales, donde no se cuenta con equipamien­tos sociales, y se vive en condiciones de hacina­miento y precariedad y muchas veces en tierras contaminadas o inundables, linderas a arroyos.

De la misma manera que poníamos de relieve esta dura realidad que genera el capitalismo, dábamos cuenta de las luchas y la organización que se gestaban desde los movimientos sociales y los pobladores sin techo, que mediante la acción directa ejercían sus derechos. Desde esa idea, ex­presábamos que ‘la vivienda es un derecho que se toma’.

Actualmente, a más de cinco años de nuestro pri­mer número, consideramos que la temática de nuestra publicación estaba restringida a la pro­blemática, no menos importante, de la tierra y la vivienda. Hoy, nuestra mirada se amplia, a par­tir de debates, luchas y una realidad económica y social a nivel nacional e internacional compleja.

A nivel nacional, el Plan estratégico agroalimen­tario y agroindustrial 2010-2020 avanza a todo motor desplazando a su paso a los pueblos origi­narios e impulsando el monocultivo de soja que aniquila la diversidad y la soberanía alimenta­ria.

La consolidación de un modelo extractivo de me­gaminería es una realidad en todas las provin­cias de la cordillera de los andes, con el evidente objetivo saquear en función de los intereses capi­talistas nacionales y extranjeros la riqueza me­talífera, sin tomar en cuenta la destrucción y con­taminación de suelos, agua, aire, y los pueblos.

Ante esta situación, han surgido múltiples voces. Algunas plantean amortiguar los impactos de estas políticas, mediante la generación de desa­rrollo local o pidiendo que se invierta más en la industria nacional. Otras (con las cuales acorda­mos) se replantean el modelo productivo a partir de discutir desde abajo para arriba los porqué de la necesidad de extracción, cuál sería el uso social del mineral y si realmente vale la pena este mo­delo productivo.

En la mayoría de los pueblos afectados por esta problemática surgieron asambleas de autoconvo­cados, que han enfrentado a empresarios y po­líticos, y han sido perseguidas, judicializadas y reprimidas de múltiples formas. Es una realidad que en el país se ha levantado este nuevo sector social que lucha, piensa y se preocupa por su tie­rra para vivir.

Finalmente, el futuro que Karl Marx, y más re­cientemente el movimiento ecologista, advirtió está llegando con la consecuente separación en­tre el ser humano y la naturaleza. La enajenación entre el hombre y el producto fruto de su trabajo, consecuencia de la lógica del sistema capitalista, se prolonga en la enajenación entre el hombre y la naturaleza. La relación entre ambos adquie­re un carácter productivista, de articulación del trabajo y la naturaleza con el fin único, constante y sonante, de la maximización de la tasa de la ganancia.

Las admoniciones y discusiones para la firma del protocolo de Kyoto en 1997 (para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de los países desarrollados) ya son realidad. Hoy, es­tamos viviendo las consecuencias de los modos de producción no equilibrados con la naturaleza. El calentamiento global, las sequías, la desertifica­ción de los suelos, se combinan con las megaciu­dades, faltas de infraestructuras que contengan a sus poblaciones. Estas situaciones, sumadas a las características geográficas de las zonas, ha­cen que una tormenta potente se convierta en un drama social con cientos de muertos, como ocu­rrió recientemente en la ciudad de La Plata.

Nuevas ideas y fuerzas están surgiendo con la idea de superar la explotación del ser humano y la naturaleza, que alzan sus voces contra la na­turalización de la sociedad de consumo y egoísmo que arrasa con todo con el afán de la ganancia.

Diversos movimientos sociales, y nosotros des­de la Corriente de Organizaciones de Base/ La Brecha, estamos trabajando para construir hoy una sociedad que pueda replantearse la vida hu­mana con un modo de producción, donde lo más importante sea el desarrollo del ser humano en equilibrio, con otra parte de nosotros, que no es otra cosa más que la naturaleza. Somos polvo, tierra, vida y materia hecha conciencia que tiene que recuperar la sabiduría de esa unión, para ha­bitar una tierra que pueda ser para vivir

Contenidos

La lucha contra el agronegocio en Misiones. La tierra es de quien la trabaja

La Plata: nos tapó el agua y la corrupción

Techint sobre nuestras costas

El macrismo y la ciudad de los negocios

Entrevista toma Alejandro Korn

Cronología de tomas, desalojos y conflictos socioambientales

Bongiovanni: historia de una tierra para dignificar

Pequeño manual del tomador/a de tierras: Debate: las mujeres y las violaciones al derecho a la vivienda

La Plata: campesinos tomaron tierras

Rincón poético: Sirva Otra Vuelta Pulpero

Tierraparavivir.org

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