Junio me arde rojo aquí en la espalda

dario y maxiEste 26 de junio se cumplen 12 años del asesinato de nuestros compañeros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. 12 años de aquella jornada trágica en que la lucha por dignidad fue respondida con balas y sangre. El movimiento piquetero venía creciendo en protagonismo desde las jornadas germinales de Cutral Co en el año 94, y había aprendido intuitivamente la efectividad de los métodos de acción directa. Un día como hoy, en el año 2002, lxs piqueterxs salían a reclamar más y mejor trabajo al gobierno de Eduardo Duhalde. Decidían como medida de lucha cortar el puente Pueyrredón. El por entonces presidente, con intenciones nefastamente “aleccionadoras”.
De un lado, se paraban hambrientos –de comida y  de futuro- lxs que luchaban por trabajo, pan y dignidad. Del otro, lxs poderosos intentaban la estabilidad gubernamental a fuerza de palo. Perseguían esa “paz social” que pudiera garantizar la reproducción segura del capital, luego de la devastación en términos sociales que dejara el neoliberalismo, junto con una profunda crisis de hegemonía, que parecía arrastrar los tronos de lxs gobernantes.

Dario y maxi cartelEntre las balas, los golpes y la persecución de lxs compañerxs; entre la crueldad, el odio y el ensañamiento; entre el desorden, la confusión y el caos, una figura con su ejemplo venía a traer claridad. Darío Santillán se plantaba junto al cuerpo de Maxi Kosteki, que yacía herido. La policía le apuntó, y disparó a discreción mientras Darío estaba indefenso. Después las voces de lxs poseedorxs de los medios para contar la historia dirían que “la crisis” había causado dos nuevas muertes. Lxs de abajo sabíamos que Darío y Maxi dieron su vida luchando por esa porción de dignidad que dicen que a todxs nos pertenece.

Darío enseñaba una lección a sus compañerxs, pero también a los poderosos. Mostraba que no lo unía a Maxi –y al resto de los trabajadores y oprimidos- el hambre, el trabajo precario y la bronca nomas, sino -y sobre todo- la organización, el compañerismo, la solidaridad de clase, la humanidad, y la esperanza en que las cosas se podían -y debían- transformar y que en eso valía la pena dejar la vida.

El kirchnerismo con Darío y Maxi: la foto que no fue

La jornada del Puente Pueyrredón con su fatal desenlace marcó también un escollo difícil de superar para la gestión Duhalde. La inestabilidad social en materia económica y el descontento popular marcaban la necesidad de un recambio que, aunque se llevara consigo ciertas figuritas, preservara el escenario general. El presidente asesino dejaba su mandato prematuramente. Asumía entonces, llegando tras ballotage con un Menem que se retiraba en la segunda vuelta, Néstor Kirchner en 2003.

Ya pasaron también casi 12 años de kirchnerismo, de la tan mentada década ganada. Un ciclo caracterizado por un extraordinario crecimiento de la ganancia para lxs empresarixs, dejando intacta la regresiva estructura impositiva, en tanto para lxs laburantes la “recuperación” se expresó en una suba del empleo a partir del crecimiento del trabajo precario, un trabajo desprotegido y con un salario de un eterno fin de mes. Tras ciertas medidas de corte progresista, materiales y simbólicos, las clases dominantes han querido hacer pasar como “ganada” a una década con un listado de deudas para lxs laburantes.

AFICHE25Con la bandera de los derechos humanos a cuestas, manchada de Julio López, de Luciano Arruga, de Carlos Fuentealba, el gobierno pregonaba que no iba a reprimir la protesta social. El kirchnerismo se ocupó de “retomar” la figura de Darío y Maxi, en sus carteles y discursos. Argumentan que con la estructura subsidiaria y de empleo informal de hoy, lxs compañerxs no estarían luchando, sino que estarían contenidos por el proyecto. El kirchnerismo, intenta “asimilar” forzosamente las figuras de Darío y Maxi. Olvidan que lxs compañerxs luchaban contra el hambre de hoy, pero también contra el hambre de mañana.

Por otro lado, en la vía concreta, el kirchnerismo presentó en el 2007 la Ley Antiterrorista y hoy no sorprende con el nuevo proyecto de Ley Antipiquetes. Los pretextos que fundamentan ambas iniciativas son el resguardo del “orden y la paz social” y las normas para la “buena convivencia, amparado en el sentido común  -pero anticonstitucionl- de “tus derechos terminan donde empiezan los míos”. Los proyectos de “regulación de la protesta social” son adornados por amnistías “progres” a luchadores y activistas presxs, cuya lista se engrosó notablemente en esta última década. No conforme con eso, CFK y sus funcionarios más mediáticos –Capitanich y en especial Berni- se encargan de criminalizar la protesta social en cada oportunidad que tienen. La deslegitimización de la protesta social en el marco de una apertura a un contexto de crisis configura, así, la antesala a un escenario de crecimiento en el accionar represivo.

Nueva izquierda: disruptiva y combatiente

Han pasado también poco más de 12 años en los que empezaba a distinguirse claramente la semilla germinal de lo que hoy reconocemos como nuestra tendencia. Se constituía una Nueva Izquierda Revolucionaria, hija del 2001, esa crisis donde lo viejo no terminaba de morir y lo nuevo no terminaba de nacer. En esas puebladas, que fueron la síntesis de la acumulación de los procesos de lucha piqueteros y el descontento del sector laburante de clase media, las formas disruptivas de intervención y la poca capacidad de los sectores organizados para capitalizar dieron a entender la necesidad de una nueva forma de practicar y construir política para la clase trabajadora. Nos dimos cuenta de que inventábamos o errábamos, que la destrucción de lo caduco implicaba una tarea de crear hoy y ahora el poder del pueblo.

cordoba1Nacía una tendencia de izquierda que entendía que se abría un nuevo momento político para la acumulación, que era necesaria otro tipo de cultura militante, otro tipo de intervención, nuevas formas organizativas que nos permitieran una labor fértil de reconstrucción del tejido social, multiplicadora de experiencias desde abajo. Una construcción que le escapara al dogmatismo de las viejas recetas y del sectarismo que hablaba solo, porque no había vanguardia que lo escuchase. Una construcción con los pies en Nuestra America, que no pusiera esperanzas en las burguesías nacionales raquíticas, eternas dependientes de las burguesías imperialistas. Una tendencia que no planteara solo la lucha política super-estructural y bajara la línea a las bases, sin mucho anclaje real, sino que construya en el pueblo y junto con él su plataforma de lucha política y social. Una construcción a la izquierda, y desde abajo, abocada a la construcción de poder popular.

Nuevas formas para un nuevo contenido

Anclada en la necesidad de construir una tendencia que valorara la acumulación de la clase, antes que el espacio orgánico propio, nace la nueva cultura militante.  Pensamos que no basta con transformar la realidad, sino que también hay que transformarnos como sujetos de esa realidad. Esa nueva cultura, ese entramado de nuevos valores y formas de transparencia que tiene carácter prefigurativo, porque el futuro no nos puede agarrar con trabajo atrasado: hay que empezar a construir hoy al sujeto del mañana. Esa nueva cultura como norma político general debe expresarse también la particularidad de cada persona, en su vida cotidiana. Se expresa en la no división de la vida entre el ámbito publico y el ámbito privado – teniendo practicas distintas para cada unx-, en la solidaridad, en la humildad, en la preocupación por el avance y politización de cada vez mas compañeros, en la franqueza intelectual, en la critica y la autocritica, etc.

Hace 12 años la pedagogía del ejemplo nos legaba un acto heroico. Pero de héroes de carne y hueso. Darío Santillán la demostraba en lo concreto en la práctica misma que es donde tienen lugar los cambios. El compañero demostraba que la subjetividad es transformable, hasta el punto de entregarse a una causa para dar la vida por ella; causa que aunque lo implique a uno enteramente, lo trascienda y lo exceda. Enseñaba con el ejemplo que reconocer en la lucha a un hermano de la clase, reconocerlo en el amor pero también en el dolor  puede darle a uno fuerzas como para plantarse ante el miedo y la muerte, y hacerlo con una dignidad que inmortaliza en nuestra memoria colectiva.

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Reafirmamos la nueva cultura militante como parte de la identidad de nuestro espacio político. Porque la lucha contra la explotación es por un mundo en que seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres. Por eso los medios y fines no pueden ser escindidos. Porque es una necesidad para empezar a construir un espacio verdaderamente unitario y masivo con vocación de lucha política, donde convivan y se enriquezcan diversas tendencias políticas. Porque para transformarlo todo, necesitamos lo mejor de cada tradición de lucha y de cada compañerx.

En un nuevo aniversario del asesinato de Darío y Maxi, levantamos sus luchas como bandera. Buscamos la justicia real, la de que el pueblo conquiste con sus propias manos su dignidad y libertad de las garras de los opresores que hoy nos las niegan. Porque si la vida que vivimos no es digna, dignidad es luchar para cambiarla.

“Y sepan que solo muero

Si ustedes van aflojando
Porque el murió luchando

Vive en cada compañero” 

¡Darío y Maxi presentes!

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