Luciano Arruga ¡PRESENTE!

¡El verdadero atropello es el de la policía!
¡La justicia y el poder político tienen una deuda brutal con la sociedad!

Repudiamos el vergonzoso accionar de la justicia en la desaparición de Luciano Arruga y su inadmisible hipótesis de un simple accidente automovilístico

luciano

Se informó en una conferencia de prensa brindada por la familia de Luciano Arruga y por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) la aparición del cuerpo del joven en el cementerio de la Chacarita, enterrado como NN. A Luciano lo habían desaparecido en la madrugada del 31 de enero de 2009 en Lomas del Mirador.

La noticia difundida habla de la muerte de Luciano como un mero atropello por un auto en el límite de Mataderos y Lomas del Mirador en el cruce con la autopista General Paz. Resulta inadmisible pensar en semejante hipótesis.

Lo cierto es que Luciano estaba enterrado en un cementerio público, que se inhumó su cuerpo sin identificación alguna, como NN, luego de pasar por un hospital público, (el Santojiani). El protocolo de autopsia mentía descaradamente cuando arrojaba en sus pruebas que Luciano tenía 40 años, cuando tenía 17. Lo cierto es que no se cruzaron sus datos genéticos con los del Registro Nacional de Personas (Renaper), alegando que su número de documento no coincidía con las huellas dactilares archivadas en el cementerio (y que también están en la mismísima causa judicial). Inexplicablemente, esa comparación de datos se solo se “pudo” cruzar 6 años después.

En el expediente judicial se muestra que Luciano estuvo en la seccional 8va, que estuvo arriba del patrullero, que el patrullero no hizo esa noche el recorrido diagramado. Además hay un registro electrónico que muestra que esos patrulleros fueron al destacamento en el mismo momento en el que Luciano “era atropellado”.

Tampoco fue dada la información de que Luciano fue torturado y el estudio forense estuvo sesgado por la hipótesis de un accidente de tránsito. Los orígenes de los daños en el cuerpo de Luciano no fueron identificados en este momento inicial desde una explicación que involucrase la posibilidad de un asesinato.

Pero todo esto no habla de otra cosa que de la enorme connivencia entre la policía y la justicia y el silencio cómplice de todos los funcionarios tanto nacionales, provinciales como municipales. El objetivo era uno: evitar esclarecer el hecho, evitar dar con las pruebas que incriminan directamente al cuerpo policial de Lomas del Mirador, señalado por los mismos vecinos del barrio como los responsables de la tortura, desaparición y muerte, ahora confirmada, de Luciano. Y es que el prontuario de estas fuerzas en las barriadas populares ya es más que conocido: comisarías y destacamentos que cobran extorsiones a puesteros, policías involucrados con la venta de drogas en los barrios y que sistemáticamente amedrentan a los más jóvenes para delinquir para ellos. Y cuando los pibes no acceden esto, se los persigue, se los amenaza, se los golpea, se los secuestra, se los tortura y se los mata. Esto es lo que pasa con pibes como Luciano.

Cuando pensamos en el caso de Luciano pensamos en toda la juventud de los barrios humildes que se ven hostigadas y amedrentadas diariamente por las fuerzas policiales. Los jóvenes que son obligados a robar para la policía, los jóvenes que por su condición de pobres son avasallados de forma silenciosa, de forma permanente. Porque no tienen derechos, porque ser pobre es el peor delito que pueden cometer, porque para ellos no habrá justicia que los ampare.

Es con la lucha popular, con la enorme rebeldía de familiares, amigos y el constante apoyo de las diversas organizaciones del campo popular, que se hicieron peritajes, denuncias e investigaciones paralelas. Sin todo esto, la investigación por el crimen de Luciano, seguiría brillando por la impunidad que desde el primer momento los cómplices del poder quisieron imponer.

Y todo este trabajo de hormiga, en busca de la verdad y la justicia, se daba en el mismo momento que se sucedían virajes negativos desde la justicia, que demoraba el cambio de caratula de la causa (como “desaparición forzada de persona” en lugar de “averiguación de paradero”), dilatando la investigación. En el mismo momento que, desde el poder político encabezado por el gobernador Scioli, se repetía y se repite sin cesar que con más policías en las calles se terminará el flagelo de la inseguridad. Sin atender que son los mismos agentes policiales los que maniataron, secuestraron, torturaron y mataron a un joven de 17 años porque no quería robar para ellos y que son las mismas fuerzas represivas las que se ponen al servicio de la represión del pueblo trabajador cuando sale a luchar por sus reivindicaciones.

La lucha se daba en el mismo momento en el que gobierno nacional se enorgullecía en decir que “en esta Argentina nadie desparece”. Cuando poco importan los casos impunes de desaparición forzada de personas en democracia como lo siguen siendo el de Julio López, Daniel Solano y muchos más.

Nosotros no nos confundimos, no nos van a hacer callar.

Porque el grito del pueblo organizado, con independencia política y desde abajo, siempre se oirá más fuerte: ¡A Luciano lo mato la policía!

¡Justicia por Luciano! ¡Castigo a los culpables!

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