La muerte de Nisman y la nueva Agencia de Inteligencia

 

La muerte del fiscal Alberto Nisman, a cargo de la fiscalía especial de la causa AMIA, instaló una fuerte crisis política en Argentina. Más allá de las conjeturas, esto pone al descubierto que la disputa entre los servicios de inteligencia, los secretos de Estado y la impunidad ante el atentado a la AMIA siguen siendo una constante de la vida política argentina.

La acusación de Nisman contra la Presidenta y el canciller parecía inconsistente y se fue derrumbando por débiles argumentaciones y luego de que ex jefe de Interpol desmintiera las acusaciones. La “pista iraní” fue promovida por Israel y EEUU (y el sostén de sus servicios de inteligencia, la CIA y el MOSSAD). Durante diez años, Nisman trabajó en esa dirección teniendo como órgano de consulta a funcionarios norteamericanos al punto de llegar a pedir disculpas y modificar informes por pedido de los mismos, tal como evidencian los cables de Wikileaks.

La investigación fue trabajada codo a codo con Jaime Stiusso, jefe real de la SI. La “pista iraní” fue avalada por la SIDE, por el poder judicial, por el poder político (de la oposición y del oficialismo), y por el poder mediático casi sin fisuras (salvo honrosas excepciones). Esto sólo sirvió a los intereses políticos e ideológicos de las potencias en Medio Oriente, pero impidió que se avance sobre las distintas hipótesis de la investigación.

En ese contexto, los sectores más reaccionarios de la clase dominante argentina han intentado demonizar a la comunidad musulmana o de origen árabe, que habita y trabaja en nuestro país. Luego de los recientes sucesos de París con la muerte de los integrantes de Charlie Hebdó, se reanimó una ola de islamofobia y de racismo en toda Europa, que tiene repercusiones en nuestro país. Es en este marco que se produce la denuncia del Fiscal Nisman.

La oposición de derecha, que acaricia la intención de volver a las relaciones carnales de los años 90, se lanzó contra el Memorándum con Irán con el objetivo de mostrar al kirchnerismo como parte del “eje del mal”, junto a Irán o Venezuela. Massa lo dijo con claridad: “La Argentina eligió estar con los peores del mundo: Venezuela e Irán son nuestros principales aliados y los peores socios que podemos tener”.

Cambiar el disfraz

La decisión de la presidenta Cristina Fernández de disolver la SI y crear una Agencia Federal de Inteligencia muestra nuevamente que, ante un escenario de crisis, el kirchnerismo toma “iniciativa política” pero no modifica la estructura de fondo.

En el caso AMIA, el espía Stiusso, que se les volvió en contra, fue el mismo que el gobierno respaldó para que avance exclusivamente en la “pista iraní” y para que apoye la investigación de Nisman.

En diez años hubo una decisión política de no tocar la estructura mafiosa que atraviesa a todos los poderes, así como en la actualidad no se tocan ni se nombran a los servicios de inteligencia existentes en la Policía Federal, el Ejército, entre otras fuerzas. Ese es el caso de Milani que se mantiene cada vez con mayor poder, a pesar de estar acusado de delitos de lesa humanidad. Pero también la infiltración en la Agencia de Noticias Rodolfo Walsh, espiada durante años por la Policía Federal; y la vinculación de los servicios de inteligencia en la desaparición de Jorge Julio López, en cuya causa no hubo el mínimo avance de esclarecimiento. Sin ir más lejos, las operaciones de la SIDE que planteaban un “complot” durante la Masacre de Avellaneda, fueron confesadas por el propio jefe de la SIDE durante el duhaldismo. Carlos Soria en el juicio por los asesinatos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki aseguró que “se estaba radicalizando la protesta: los grupos piqueteros, las asambleas barriales. Ese era el peligro”. El condenado por los asesinatos, el cabo Alejandro Acosta, dijo que el 26 de junio de 2002 reconoció a los agentes de la SIDE conversando con Fanchiotti porque aparecían en todos los cortes.

El proyecto de la nueva Agencia aún no es público, pero difícilmente permita una “democratización”, como se sostiene. Su dependencia del Poder Ejecutivo y las atribuciones dadas al Senado no constituyen garantía alguna de que no será utilizada contra el pueblo al igual que su antecesora. Los antecedentes del Proyecto X de espionaje interno, o la designación de personajes nefastos como Milani o Berni en altos cargos de la estructura de seguridad, confirman que no es posible alentar esperanzas en la nueva Agencia. La posibilidad cierta de que gran parte del personal de la SI pase a revistar en la misma, así como la negativa a derogar la legislación que nos somete a las exigencias imperialistas –como la Ley Antiterrorista–, no son datos menores. Se necesita mucho más que echar a algunos personajes oscuros. Es necesario que se abran los archivos de la ex SIDE y de todos los organismos de seguridad para que sean investigados, y declaren los agentes de inteligencia que actuaron en la causa AMIA.

Por otro lado, de la “oposición” no puede creerse absolutamente nada. La mayor parte de ellos ya gobernó alentando la impunidad de la que ahora se indignan. Macri no tiene el menor derecho ético a abrir la boca, procesado por las escuchas ilegales. Fue la movilización popular la que pudo impedir que coloque al frente de la Policía Metropolitana a un represor como el “Fino” Palacios.

Sólo el pueblo puede intervenir para que el péndulo no oscile entre unos u otros de los que siempre gobernaron por sus propios intereses de clase. Ahora que el Gobierno se ha sentido tocado reacciona de contragolpe con medidas limitadas y parciales. Pero no ha tenido la misma reacción siquiera, cuando el agredido fue el pueblo. Cuando los desaparecidos o los muertos los pusimos nosotros, como en el caso de Julio López, como en el caso de Luciano Arruga y de tantos más. Y si los responsables del asesinato de Mariano Ferreyra hoy están presos, es gracias a la movilización popular que impidió sea un nuevo caso impune.

Hoy, que se plantea un debate público sobre los servicios de inteligencia, las organizaciones populares alertamos sobre el rol de espionaje interno que han realizado los distintos gobiernos y los distintos políticos que hoy se pasean por los canales de televisión, desde el equipo de Macri, a Massa, pasando por Scioli y terminando en Aníbal Fernández. El accionar de los servicios investigó, operó y amenazó a luchadores y luchadoras populares.

Por eso creemos que la movilización y participación popular es la que puede permitirnos salir de la crisis abierta:

– Constitución de una Comisión Investigadora Independiente, tal como solicitan los familiares de las víctimas de la AMIA, conformadas por ellos mismos y por organismos de derechos humanos.

– Apertura de todos los archivos de los organismos de inteligencia para acabar con la impunidad y el espionaje contra el pueblo.

-Desmantelamiento general del sistema de espionaje.

– Disolución de todos los servicios de inteligencia.

– Derogación de la Ley Antiterrorista, de la Ley Nacional de Inteligencia, y el cese del espionaje contra los luchadores del campo popular (como el Proyecto X).

– Cancelación de los cargos vitalicios en el Poder Judicial. Destitución inmediata de todos los jueces nombrados durante la época de la dictadura. Convocatoria a un amplio debate nacional sobre las características de una justicia popular.

Firman:

Frente Popular Darío Santillán 

Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional 

Corriente de Organizaciones de Base La Brecha (COB La Brecha)

El Avispero-Bartolina Sisa

Democracia Socialista

Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social (MULCS)

Equipo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía

Corriente Surcos 

Pueblo en Marcha

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