Las políticas de unidad en la izquierda

 

 

Nota publicada en el Abre Brecha #15
p10 Unidad para luchar

La unidad entre las corrientes que bregamos por una transformación revolucionaria de la sociedad, basada en acuerdos político-programáticos claros, es una tarea permanente para nuestras organizaciones. No sólo por la superior correlación de fuerzas e inteligencia común para la intervención en la lucha de clases actual, sino fundamentalmente porque sería impensable cualquier proyecto de poder por parte de la clase trabajadora, sin concitar los esfuerzos mancomunados de una multiplicidad de tendencias de vocación revolucionaria, en un marco de pluralidad y debate democrático de ideas entre sí. Sin embargo, son pocas las experiencias de unidad en la izquierda, tradicional y no tradicional, que lograron apreciablemente trascender la política de construcción autocentrada en sí mismas, por parte de las corrientes intervinientes.

El FIT es caracterizado en reiteradas ocasiones como una suerte de “cooperativa electoral”, que efectivamente logró consolidarse como una alternativa política existente y visible a los ojos de millones de electores, incluso elegible para centenares de miles, lo cual no deja de ser ciertamente valioso, en tanto introduce en el escenario político de nuestro país la popularización a escala masiva de un programa anticapitalista, claramente opuesto a las demás opciones del régimen. Sin embargo, ciertamente no pasa de ser una “cooperativa electoral”, por cuanto está lejos de convertirse en una herramienta común, y con vigor propio, que se corporice como algo más que la suma de sus partes, para actuar como tal en el terreno de la lucha de clases. Esto, lamentablemente, impide que el FIT en tanto frente sea un vehículo para canalizar y apuntalar las fuerzas, a veces en alza, a veces en baja, ni de los sectores combativos, ni de los clasistas, ni tampoco de los revolucionarios. Prima en general la actuación de cada uno de los partidos por su lado, en el peor de los casos en abierta confrontación o a pura zancadilla, en el mejor de los casos en tensa alianza, pero para nada generando un clima de inteligencia común, o de franca cooperación, para enfrentar al enemigo, en favor de que las luchas triunfen.

Con ánimo de mencionarlo tan sólo como un ejemplo que demuestra esto último, destacamos la incapacidad evidenciada a lo largo de años por lxs integrantes del FIT para gestar un espacio sostenido de frente único a nivel nacional que congregue al activismo combativo , o clasista, como imprescindible instancia para potenciar las luchas de nuestra clase. Las supuestas diferencias alrededor de cómo debe hacerse semejante construcción, si con sólo lxs clasistas o ampliando a sectores combativos, si a través de las comisiones internas o con otro formato, realmente nos parecen excusas que mal disimulan la encarnizada disputa por la preeminencia entre las corrientes, en definitiva sólo para hegemonizarse unas a otras. Esto es así en tanto para nada nos parecen diferencias tan insalvables como para que realmente obstaculicen avanzar mediante soluciones de compromiso, sobre todo si las comparamos en una balanza con la tremenda importancia que tal herramienta tendría para afilar la fuerza de lxs trabajadorxs en la lucha de clases. ¿Diferencias cuánto mayores se pudieron salvar, por ejemplo, para viabilizar la constitución o la continuidad del frente electoral, cuando en el otro platillo de la balanza estaba la supervivencia en ese terreno de disputa y porque había que superar la restricción de las PASO? Procesar tales diferencias es en definitiva una cuestión de decisión política y se carece de ella.

En el caso de las organizaciones de la izquierda no tradicional, el espacio que se conoce con el apelativo de nueva izquierda o izquierda independiente, del que por origen formamos parte, después de una etapa de existencia inicial de algo más de una década, experimentó un escenario de nuevas fragmentaciones en el último período. Estaría poniéndose seriamente a prueba la viabilidad a largo plazo de construir mediante yuxtaposiciones político-programáticas con poca preocupación por su consistencia en términos más estratégicos. Peronismo, nacionalismo revolucionario, etapismo/estalinismo, reformismo, clasismo… A nuestro entender, una cosa es construir con amplitud política de definiciones sobre un piso común conceptualmente coherente (en nuestro caso el clasismo de intención revo lucionaria no etapista) y otra cosa es hacerlo con un collage de posiciones político-estratégicas con poca consistencia conceptual, sólo en nombre de la construcción práctica en común, aquí y ahora. Estaría crujiendo la cohesión de marcos teóricos solamente amalgamados, en vez de sintetizados armoniosamente. También poniéndose en duda la sustentabilidad de criterios laxos o primarios de organicidad,con poca introspección sobre el valor de las prácticas políticas sanas para consolidar unidades fuertes, tanto al interior como hacia afuera de las organizaciones. La construcción basada en la claridad de un programa político en común, reivindicando incluso que este sea lo suficientemente amplio como para expresar a corrientes sociales y políticas como en nuestro caso, sigue siendo un imperativo ineludible para vertebrar una organización.

Es conocida la tesis que busca explicar la actual la crisis de la nueva izquierda por sus dificultades para dar el salto de lo social a lo político, en el contexto de una nueva etapa, supuestamente más política. Nosotros proponemos sopesar/complementar dicha tesis con otra posible explicación, basada en las propias características estructurales e intrínsecas de estas construcciones. Según esta otra idea, si tal crisis sobreviene ahora, no sería precisamente por un cambio de etapa, sino más bien por el simple aplacamiento de los bríos de una primera época, y el sencillo agotamiento de toda una lógica de construcción: la descripta más arriba.

Nuestra organización no se considera a salvo, ni ajena, a este tipo de limitaciones estructurales. Antes bien, reconoce un origen y un derrotero en común con el resto de sus organizaciones hermanas. Incluso, claramente estaría también por verse hacia adelante, si logramos superar o no la prueba de la perdurabilidad más allá de una década. Para nada quisiéramos caer en ser presuntuosos con ello. Por el contrario, consideramos que los desafíos y las problemáticas a superar son esencialmente las mismas para todas nuestras jóvenes organizaciones. Sin embargo, quizás sí, al menos la singularidad que nos caracteriza, es la de proponer al conjunto el poner la lupa sobre este tipo de cuestiones, tematizando colectivamente el asunto de las formas de construcción, en pro de la coherencia política en el campo de la independencia de clase de intención revolucionaria. Intentar avanzar en construir así sin más, sin reparar en estas apreciaciones, entendemos sólo nos llevaría a repetidas frustraciones.

p11 Unidad

Son altamente valiosas, en tanto herramientas concretas y perdurables para intervenir en la lucha de clases, las construcciones unitarias sectoriales que hemos sabido gestar entre estas organizaciones. La CPS Rompiendo Cadenas, La Campaña Nacional Contra las Violencias Hacia las Mujeres, las construcciones en común en docentes y en estatales (que ahora saltan a escala nacional), la AGTCAP, entre otras. Sin embargo, en el terreno de la unidad política general, consideramos que nuestro espacio aún no logró de conjunto distinguirse sustantivamente de la izquierda tradicional, en tanto también le cuesta establecer ámbitos de unidad política cualitativos y duraderos, basados en una profunda confianza, y en un paradigma colectivo de honestidad intelectual para procesar las discusiones políticas.

Actualmente, entre algunas corrientes de este entorno político, intentamos un nuevo esfuerzo de unidad de características frentistas: la conformación de un espacio político en común denominado Polo de izquierda anticapitalista. Este reagrupamiento tiene el desafío de proyectar unitariamente los mejores rasgos cultivados en común por nuestras organizaciones: la construcción de poder popular, el trabajo de base como un principio, la prefiguración de la sociedad que anhelamos. Pero para prosperar esta vez, creemos se necesitan lineamientos político-programáticas claros y definidos, en una orientación clasista y antipatriarcal por el cambio social, a la vez que necesitamos que el espacio se edifique en base a una vocación unitaria más desprendida con lo común, tal como ya es posible en múltiples espacios sectoriales. Más aún en estos momentos de coincidencias políticas generales. Buscamos que a su interior las decisiones no procedan con la mera lógica de la correlación de fuerzas, sino donde los argumentos vertidos en las discusiones y su coherencia importen.

El hecho de la identificación en común con el programa enarbolado por el FIT en el reciente proceso electoral, amén de ser el programa de otra fuerza, es sin embargo quizá un nuevo piso, y un nuevo aliciente, en el sentido de una mayor delimitación de nuestro espacio en una orientación de independencia de clase. La práctica concreta que desarrollemos en común, de la mano de la discusión política en los términos más transparentes que podamos lograr, habrán entonces de hacer el resto, si es que seriamente nos proponemos arribar a niveles de confluencia perdurables y consistentes.

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