Organizándonos y luchando en un nuevo período político y económico

Nota publicada en la Abre Brecha #16 de marzo

La victoria de Mauricio Macri en las elecciones presidenciales inaugura un nuevo período en la política argentina. Las dificultades económicas acumuladas por el modelo de crecimiento económico no encontraron salida con esa gestión del Estado: quedó para el siguiente gobierno intentar una salida a la crisis, salida de ajuste como la clase dominante reclamaba y pretendía llevar adelante con Macri, Scioli o Massa. Entre los candidatos del ajuste, el triunfo de Macri tiene sus implicancias específicas, ya que se encuentra vinculado más directamente con la burguesía agraria, con el grupo Clarín, con los Bancos Internacionales, empresas multinacionales, algunos sectores de la “Patria Contratista” y otras fracciones puntuales del empresariado local. Su discurso “por el diálogo” oculta una ideología difusa pero existente, que se apoya en el “sentido común”, en las voces mediáticas dominantes y en otros espacios de sustento político derechoso.

La actual situación económica implica la decisión de descargar el ajuste sobre la clase trabajadora, otorgando ventajas para los empresarios de algunos sectores económicos determinados (bancos, agro, petróleo, minería, industria alimentaria, supermercados, etc.) a partir de retirar determinadas formas de intervención estatal montadas por el o de instaurar otras formas de intervención generando nuevos privilegios, sin temer que las políticas desarrolladas frenen la actividad económica. En términos sociales, va a tener más anclaje gubernamental la estigmatización de la juventud, la teoría de los dos demonios, la represión como política para contener la protesta social o las manifestaciones populares, la defensa de la eficiencia “empresarial” y la garantía de las necesidades del pueblo a través del juego del mercado, el reconocimiento de la “necesidad empresaria” de echar gente o cerrar sus puertas, la política social ultra focalizada y tercerizada (todavía más marcadamente que durante el kirchnerismo), una política educativa más precarizada aún, y una política de género binaria, onegeista e institucionalista, sin agotar todos los aspectos posibles de describir.

La victoria electoral de “Cambiemos” implicó que una fracción de la burguesía que no era hegemónica (Macri sacó sólo el 24,5% en la primera vuelta) se haga del control del Estado e intenté implementar su programa, apoyándose en núcleos regresivos del sentido común y el discurso mediático. Esto es despido de trabajadorxs haciendo referencia que son ñoquis, recorte de programas sociales aduciendo la falta de incentivos al trabajo, la recesión y el desempleo como posibles objetivos de política económica con tal de bajar la inflación, la represión a la protesta ante el caos piquetero, la persecución a la militancia y periodismo alternativo e independiente, y más medidas que para la clase trabajadora serán durísimas en sus condiciones de vida cotidianas. Y para quienes militamos, nos enfrentan a un panorama más represivo.

Se trata de un período político nuevo donde se va a intentar quebrar completamente aquel consenso social más progresivo consolidado por las luchas del 2001 y tapar los avances en organización posteriores. Esa será una de las principales batallas para los próximos años.

 

Calibrando la correlación de fuerzas

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Este nuevo período político se desarrolla luego de años de desempleo más bajo que durante los ´90, con avances en las construcciones combativas, con una experiencia de años de reclamos en las calles (como lugar privilegiado para la lucha social), con una mayor fortaleza objetiva de las estructuras sindicales (nos referimos a todas ellas, no sólo las pocas conducidas por la izquierda), con una mayor unidad de la multitud de pequeñas experiencias que proliferaban al empezar la década del 2000, con mayor conciencia de la necesidad de proyectos políticos superadores, integrales y nacionales. Esta acumulación de fuerzas actúa contra las intenciones de Macri de llevarse puesto todo. ¿Cuánto? Tenemos que registrar el pulso justo del capital político del gobierno y los consensos sociales y fortalezas en las luchas que podemos poner en pie, ya que el oficialismo no cuenta con un “cheque en blanco”.

El gobierno puede considerarse en cierto sentido políticamente débil, respecto de las clavijas de poder que efectivamente existen dentro y fuera del Estado (Congreso, gobernaciones, intendencias de distritos muy poblados, control territorial-punteros, sindicatos, cámaras empresarias, FF.AA., policía, etc.). Eso explica tanto su iniciativa exacerbada como sus tanteos en otros terrenos, sus avances y retrocesos (como en Ganancias, coparticipación, designación de jueces, cierre y apertura de sesiones en el Congreso, etc.), fuertemente dominados por lo que las encuestas marcan, y la necesidad de acuerdos con esos sectores puntuales para garantizar la gobernabilidad: el Senado y los gobernadores (negociación de designación de leyes, dinero para las provincias, etc.), la dirigencia empresarial (fin del cepo, quita de retenciones a las exportaciones agrarias, industriales y mineras) y los sindicatos (adelantamiento de una medida de suba del mínimo no imponible y modificación de las categorías).

 

La situación económica

La situación mundial arrastra a la crisis al intercambio entre países (ver De la crisis económica a las crisis sociales y políticas, p.6). En Argentina, se suma el problema estructural de la falta de divisas para el crecimiento económico en el marco de esta crisis internacional que golpea a sectores exportadores y dinamizadores de la industria interna. A ese escenario tenían que responder cualquiera de los candidatos que hubiera ganado. El macrismo lo hace con su impronta propia. Su punto de partida para pensar la realidad es su discurso de campaña: el Estado ahogaba a la iniciativa privada, hay que sacar trabas a la producción, el problema es la corrupción, se puede ser más eficiente. Con esa mirada, ubicó a decenas de gerentes de grandes empresas nacionales y transnacionales en puestos de dirección administrativa y política en el Estado, para que “gestionen bien” sabiendo qué necesitan las empresas. Lógicamente, eso no es una política de “Estado eficiente” necesariamente, sino de “Estado pro patronal”, donde esos mandaderos de las empresas se dediquen a armar nuevos esquemas de negocios.

Esta impronta se esmeró en dar un beneficio enorme a distintos sectores empresariales, en especial al sector agrario, al devaluar, eliminar el cepo y quitar y reducir retenciones, generando una enorme transferencia de recursos a este sector. A las mineras les eliminó la retención del 5% que en 2009 se les había impuesto a sus exportaciones, que si bien tiene un impacto recaudatorio menor, el 0.2% de todo 2015, es un fuerte gesto político. A los productores de biodiesel les garantizó mayor producción al aumentar el corte del bioetanol, ampliando así más mercado a la producción de soja, maíz y azúcar local. El impuesto a los autos de lujo, que había tenido un impacto en el precio de todos los autos, fue dado de baja, con lo que beneficia directamente a quienes acceden a ellos.

La modificación del impuesto a las ganancias hecha hasta el momento sólo implica que quienes pagaban pasen a pagar menos, que algún sector que pagaba deje de pagar, y que otros que se encontraban exentos ahora se encuentren nuevamente pagando. El aumento en las asignaciones familiares tiene un costo fiscal mucho mayor incluso, e implica una transferencia a lxs asalariadxs formales y registrados con hijxs. El objetivo político de estas medidas es ablandar a la burocracia sindical para que acepte paritarias con porcentajes más bajos.

El Plan A del macrismo implicaba una política monetaria contractiva (sacar pesos de circulación endeudando al Banco Central), lo que suponía disponer del ingreso de decenas de miles de dólares de los exportadores, y el inicio de un nuevo ciclo de endeudamiento, que mantendrían al tipo de cambio bajo (cerca de los $13/$14) y con la eliminación de subsidios y ajuste en otros sectores bajarían el déficit, soportando el costo social de una recesión y mayor desempleo pero con una victoria sobre la inflación. El actual escenario parece imponerle un Plan B con menos ingresos de dólares por exportaciones (los exportadores no liquidaron las divisas que prometieron), menor capacidad de endeudamiento en dólares (el conflicto con los buitres no se cerró tan rápidamente), con inflación más alta (los empresarios no retrotrajeron los precios a noviembre, y los sindicatos difícilmente cierren con pautas generalizadas abajo del 25%), y menos absorción de pesos del Banco Central.

El macrismo no tiene claridad ni va a tener coherencia en los detalles de su plan económico y político, más allá de los lineamientos neoliberales gruesos. Además, sus funcionarios están a prueba, y están dispuestos a altos costos sociales con tal de mostrar logros en sus caballitos de batalla de la campaña electoral de cara a las legislativas de medio término.

Los anuncios de diciembre de un pacto social parecen alejarse del horizonte, ante la negativa de lxs empresarixs a retrotraer los precios, a la negativa de la burocracia de dejar que les modifiquen el modelo de discusión paritaria, y a la aceptación del macrismo de que sería más simple obtener el objetivo económico de ese pacto social “de hecho”, con paritarias bajas y acuerdos especiales con los dirigentes sindicales.

 

La interna peronista

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 La derrota electoral no terminó de ser asimilada por los grupos kirchneristas. Algunos todavía están quejándose de quienes no los votaron, abriendo una puerta a intervenciones sectarias que busquen reforzarlos en su interna, pero los alejen de la búsqueda de hegemonía social o de dar luchas concretas. Ante la situación actual, el PJ se debate tácitamente entre aceptar su camporización o “volver a las fuentes” de los gobiernos feudales provinciales e intendencias punteriles. La primera opción, realmente, no la sostiene nadie. El Chino Navarro del Movimiento Evita propuso “aceptar la derrota” y buscar a quienes construyeron peronismos por fuera del FPV (De la Sota, Massa, etc). En ese marco amplio de unidad del PJ se aprestan a lanzar una pelea por la conducción del partido, por lo que importantes sectores están encarando una campaña electoral para las elecciones internas del 17 de abril. Esa campaña de afiliación y la construcción de una identidad de resistencia desde lo político (con intervenciones pocas veces orientadas a la lucha de clases directa, sino más bien a hechos simbólicos), absorben el plan político de este grupo.

En el viejo PJ, lo que ordena los alineamientos son las necesidades de contar con obras públicas y efectivo de la Nación para el día a día de las provincias y las intendencias. Mientras tanto, CFK sigue “resguardándose” de las coyunturas, alejada de quienes eran sus funcionarios más polémicos. Mantiene un bajo perfil en sus intervenciones para evitar desgastar su capital político.

 

Realineamientos en el mapa sindical

En las organizaciones sindicales tradicionales de la CGT se viven momentos de reacomodamiento político, con pocas muestras de lxs aplaudidorxs del kirchnerismo de salir a luchar por los salarios o los puestos de trabajo. El modelo sindical donde cada dirigente sólo se preocupa por su sindicato nos pone bajo la prueba de tener que resistir un ajuste con poca solidaridad que colabore “desde arriba” en unificar las luchas.

Moyano jugó sutilmente a favor del macrismo y realiza declaraciones crípticas que van del apoyo abierto al ajuste a amenazas veladas o planes de lucha muy pequeños. Barrionuevo también critica al macrismo, sin miedo a correrlo por derecha y sumando su voz al apoyo al ajuste y los despidos.

La paritaria docente, testigo para el resto de las paritarias, cerró en el distrito más grande del país (Bs.As) con una tibia reacción de la burocracia del SUTEBA, que no hizo ningún esfuerzo en romper la pauta que aceptaron. Los despidos en el Estado van de la mano con despidos en el sector privado. La precarización va camino de aumentar aún más, como siempre sucede en momentos de crisis económica, en especial entre las empresas más pequeñas, que pagan salarios más bajos y más precarizan.

 

 Más acá, más allá, y atravesando lo social…

El Protocolo Antipiquetes es otro intento de amedrentamiento a la movilización popular, que amenaza con intentar cerrar la legitimidad popular ganada para la pelea en la calle luego de las jornadas del 2001 y el Puente Pueyrredón del 2002. El escenario represivo que se viene agudizando desde hace algunos años da un salto con este protocolo, que cuenta con un acompañamiento amplio entre los gobernadores de las provincias.

La intervención del AFSCA, su fusión con la AFTIC, la creación de la ENACOM, definen el trazo con el que el macrismo reordena el espectro mediático a su alcance. Mientras que el kirchnerismo aprovechó la pelea con Clarín para diseccionarlo y apostar a quitarle público con medios afines, el macrismo refuerza el medio de Magneto e incluso se plantea reordenar todo el espectro comunicacional (Audiovisual, Telefónico, etc) abriendo espacio para nuevos negocios.

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