Los nuevos límites en la obscenidad del poder en Argentina: de Panamá Papers a los bolsos de dólares del Monasterio

El insólito caso del Ingeniero José López, descubierto en la madrugada intentando enterrar casi nueve millones de dólares en un convento, termina de embarrar a los principales partidos de las clases dominantes en una larga lista de escándalos por corrupción.

El nivel de descaro de los funcionarios en sus maniobras económicas es increíble, y en esta situación roza lo bizarro. Pero no se trata de un hecho aislado, ni en el gobierno anterior (obra pública, Skanska, medicamentos, Ciccone, etc) ni en el actual. Hace semanas el presidente Mauricio Macri tuvo el dudoso mérito de ser uno de los tres mandatarios de países involucrado en la posesión de empresas off shore en Panamá, en un episodio de alcance mundial. El negociado del dólar futuro involucró a funcionarios del BCRA durante el gobierno kirchnerista con los funcionarios del nuevo directorio del BCRA que regalaron a bancos, empresas privadas (e incluso a funcionarios del nuevo gobierno) miles de millones de dólares. Encontramos además muchos ministros y funcionarios de este gobierno que abiertamente son millonarios y poseen acciones de empresas con las que el Estado realiza contrataciones (como el Ministro de Energía y la Shell), y otras acciones con las que se pretenden desdibujar el oprobio, convencernos que un escándalo permitido por la ley no es un problema.

Ante esa situación, el affaire de los “bolsos” le permitió al macrismo correr de la escena las críticas que comenzaban a esbozarse sobre el patrimonio y el enriquecimiento de sus funcionarixs e intentar decretar el fin del kirchnerismo.

 

Pero se puede hacer política de otra manera, decimos una y mil veces.

No se tratan de denuncias morales o abstractas. La utilización del Estado para provecho personal tiene por contrapartida el deterioro de las políticas que ese Estado debería encarar para beneficio popular. Los sobreprecios en la obra pública, los subsidios millonarios a las ganancias privadas de empresas que no invierten, y otras acciones de defraudación, se llevan vidas humanas como en la Masacre de Once. Nos obligan a quienes vivimos de nuestro trabajo a soportar una salud cada vez más deficiente, escuelas cada vez más deterioradas, peores condiciones de viaje diario, un entorno cultural más devaluado y privatizado, etc. Por eso desde la izquierda no podemos dejar estas críticas como una más, sino que debemos involucrarlas en nuestras denuncias activas al régimen vigente.

Las implicancias de la corrupción las saben lxs simptizantes kirchneristas, las saben muchísimxs jóvenes militantes, honestxs, que durante los últimos años apostaron al gobierno kirchnerista “por izquierda”, como una opción transformadora, y hoy se desilusionan ante la obscenidad del enriquecimiento, de los negociados con el patrimonio de todxs. Cuesta ver la hipocresía de los que dicen no saber nada, la moral con doble discurso de algunxs (imposible saber cuantxs) de lxs funcionarixs que llevaban adelante ese gobierno. El PJ va a replegarse sobre sus sectores más conservadores, los que siempre robaron más que nadie y fueron mercenarios de cualquier color político, y de cualquier empresario.

 

Pero se puede hacer política de otra manera, decimos una y mil veces. La transformación social no es repartir dádivas, es otra cosa.

Distintxs personajes mediáticos y políticos eligieron separarse del proyecto que lxs había identificado durante la última década. Otros en cambio propusieron poner el eje en la otra punta de la coima, el o los empresarios que le hubieran dado el dinero a López, el rol del Poder Judicial, etc. Lógicamente son actitudes y preguntas válidas, pero no pueden correr el eje sobre las responsabilidades de aquellos que decían (ellos) encarnar un proyecto progresista, que jugaron un rol de protagonistas o cómplices.

Son muchas las formas que tienen los empresarios para que el Estado responda a su antojo, sea una herramienta de su clase social, de sus distintas fracciones. El pagar coimas y tener funcionarios afines en los despachos oficiales son algunas de esas formas. Que se devele la existencia de esos lazos y ese poder del empresariado sobre el Estado no puede ser un sapo más a tragarse, se trata de una cuestión estratégica: se intenta construir para la transformación social o se es parte de la estructura estatal que beneficia a alguna fracción del empresariado.

Cuando estos escándalos se hacen públicos aumenta el descontento con esta política “representativa” que nos obligan a creer como la única posible. “Son todxs iguales” “Lxs políticxs son todxs ladrones” “La política no sirve para nada”… Ante la opción del descreimiento general de la política, proponemos lo contrario: tomar la política en nuestras propias manos, un camino que recorremos hace años. Generar nuevas formas, nuevas prácticas, nuevas formas de relacionarnos, que no busquen enriquecernos individualmente sino demostrar que la fuerza de nuestro pueblo es la única capaz de generar las condiciones que necesitamos para que las vidas que vivimos sean dignas.

 Se puede hacer política de otra manera, decimos una y mil veces. La transformación social no es repartir dádivas, es otra cosa. Es un camino de esfuerzo personal, de esfuerzo económico, sin lujos, sin corrupción, pero con la alegría de la construcción colectiva y la dignidad de la militancia que no se compra ni se vende, la certeza de construir desde lxs explotadxs y oprimidxs la fuerza para cambiarlo todo.

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