Yendo del living a la calle

Publicada en la Abre Brecha #17

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El oficialismo desarrolla una política cultural e ideológica reaccionaria en materia de derechos humanos, demostrada entre otras cosas con la presencia, y su legitimación, de actores vinculados al terrorismo de Estado y la represión de la última dictadura cívico-militar durante los actos en el marco de la Independencia del 9 de julio.

Lo que resultó ser llamativo es el escenario político. Las medidas de Macri generaron 150.000 despidos, un aumento de tarifas brutal, cayó el poder adquisitivo de los ingresos de los sectores populares y hay un millón y medio de nuevos pobres, llegando así al 35% de la sociedad. Resultan especialmente perjudicadas las mujeres que soportan gran parte del trabajo no pago de la sociedad, y los sectores juveniles castigados por el desempleo y la precarización.

Pero la resistencia con aguante que prometía el FPV no aparece. El kirchnerismo como fracción política parece licuarse, al volcarse al PJ tradicional una gran parte de sus parlamentarios, gobernadores e intendentes, en un proceso que se profundizó a medida que avanzaron las denuncias y revelaciones en torno a hechos de corrupción estatal de la gestión anterior.

Brillan. Quienes también están brillando por su ausencia son los dirigentes sindicales. Este año será el de mayor inflación desde el 2002, y ningún sindicato firmó aumentos que le ganen a la inflación. Sin embargo, no hay plan de lucha en curso para evitar esa estafa patronal a los salarios obreros ni para enfrentar los despidos. La Ley Antidespidos que impulsaban los dirigentes que armaron un enorme acto el 29 de Abril fue vetada por el presidente y no hubo ni amagues de enfrentar esa medida. Además, rubricaron un salario mínimo de apenas $8060 en… ¡enero!

La dirigencia de la CGT tiene la mira en el recambio de la conducción que llevará a sus diferentes sectores a unificarse, sin que eso implique una mayor vocación de enfrentar la situación. Si finalmente acceden a dar un paso al costado Moyano, Caló y Barrionuevo, la estrategia de la Confederación Argentina del Transporte Terrestre (CATT) podría ver validada su estrategia de los últimos años, donde demostraron tener poder de fuego propio y capacidad de paralizar gran parte de la actividad productiva y social del país.

La CTA de Yasky parece ser el sector con más iniciativa en la calle. Dio muestras de aspirar a reunificarse con la CTA de Micheli, cerrando diferencias tácticas ante una mayor unidad estratégica y un acuerdo común de caracterización del gobierno.

También respondió con un paro y movilización en la semana posterior al veto a la Ley Antidespidos, y hace meses que viene perfilándose una Marcha Federal contra el ajuste. Sin embargo, lxs trabajadorxs contenidos en esta central saben que las paritarias cerraron a la baja y sin planes de lucha consistentes, mientras la flexibilización laboral avanza. También sabemos que la unificación con la CTA de Micheli es parcial, ya que el sindicato mayoritario de esa central, ATE, rechaza esa unificación y sufre una disputa intestina entre la conducción nacional y los sectores yaskystas.

Mientras la dirigencia sindical tiene la mirada puesta en esas disputas internas, diversas luchas surgieron en distintos sindicatos y regiones, algunas reprimidas duramente, como en Tierra del Fuego, Santiago del Estero, Chaco, etc.

Un grave precedente es el intento de implementación de un protocolo “antipiquete”, una medida gravísima ampliamente repudiada y que fue desechada en el ámbito metropolitano. Otro antecedente dañino es el fallo de la Corte Suprema contra la legalidad de las huelgas que no sean promulgadas por las conducciones sindicales. Un fallo a la medida de lxs empresarixs y las burocracias que aspiran a disciplinar movimientos de base en lucha.

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No es oro. El balotaje implicó una elección entre dos opciones de ajuste. La “oposición al macrismo” en esa instancia acompañó en el Congreso el pago a los Fondos Buitres de miles de millones de dólares, dando el puntapié a un nuevo ciclo de deuda.

Avalaron un blanqueo de capitales para quienes se enriquecieron con actividades ilegales y a costa del Estado. En las provincias donde gobiernan realizaron despidos, aumentaron la edad jubilatoria y tomaron distintas medidas de ajuste, acompañadas por la represión.

Esa estrategia de “oposición responsable” (casi indiferenciada) del macrismo hace mayoritario a un polo del PJ que busca despegarse lo más posible de Cristina. Sin embargo, el polo “cristinista” tampoco se muestra a la cabeza de la resistencia al ajuste.

Causas judiciales se van dosificando en su contra de manera sospechosamente oportuna para la agenda del macrismo. Aun así, su prestigio social es cada vez menor para cubrir también ese rol, que no pueden encarar de forma más que parcial o vergonzosa. ¿Entonces? Este panorama no implanta la paz de los cementerios. Movilizaciones de decenas de miles de laburantes, estudiantes o de otros sectores populares recorrieron las calles argentinas este año. El gobierno dio muestras de tener que retroceder en distintas iniciativas antipopulares, como el Protocolo Antipiquete o quitando del gobierno a fi guras impresentables.

El macrismo no es invencible, ni tiene un plan único. A su interior se expresan diversas alas patronales, el gradualismo sin tacto político de Prat Gay y el “shock” con cintura política de Frigerio y Marcos Peña. También, la convivencia de sectores ideológicamente conservadores y liberales.

Por distintas provincias, hay muestras de enojo y rechazo contra este deterioro aún mayor de las condiciones de vida de nuestra clase. Son señales la movilización contra los despidos de estatales del 24 de febrero a Plaza de Mayo, contra la Ley de Reforma Administrativa en La Plata, la enorme movilización del 24 de marzo en otro aniversario del golpe genocida, la concentración de las centrales del 29/4, las decenas de miles de petroleros en Comodoro Rivadavia el 6/5 por sus puestos de trabajo, la movilización del 12/5 en defensa de las Universidades Públicas, el #NiUnaMenos del 3/6, y tantas otras.

La indignación frente a las medidas del macrismo, la necesidad de revertir sus efectos, generan las condiciones para enfrentarlo. Esperar a la dirigencia kirchnerista no es una opción, necesitamos avanzar en poner en pie todas las luchas necesarias, unificando cuando sea posible las convocatorias para lograr masividad, sin resignar por supuesto nuestra identidad política y nuestros métodos organizativos.

El clamor popular en diversos puntos del país contra los tarifazos es un salto en calidad en el nivel de movilización. Desde nuestra organización participamos de un espacio de coordinación, la Campaña #NoTeDejesAjustar, desde donde aspiramos a dar un aporte a esa movilización popular, a las experiencias unitarias que necesitamos para resistir realmente esta ofensiva patronal.

Depende de la resistencia que construyamos como campo popular las posibilidades de revertir y amortiguar sus planes de ajuste, mientras continuamos construyendo la correlación de fuerzas para cambiarlo todo.

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